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Árboles y cultivos, un maridaje que conjuga rentabilidad y sostenibilidad

Árboles y cultivos, un maridaje que conjuga rentabilidad y sostenibilidad

Los sistemas agroforestales son una de las iniciativas por las que pasa la agricultura europea y cada vez más países y comunidades autónomas están apostando por ellos por los beneficios económicos y medio ambientales que reportan.

Aunque hay seis principales prácticas agroforestales en Europa, las más extendidas son dos: las silvoarables y las silvopastorales. La primera son árboles en baja densidad combinados con cultivos agrícolas anuales o perennes. Estos árboles se pueden distribuir en las lindes, dispersos en el campo o bien en hileras intercaladas con el cultivo, respetando una distancia entre hileras suficiente para no condicionar la mecanización. Por ejemplo, con cereal de invierno las hileras suelen estar espaciadas entre 18 y 25 metros.

Los silvopastorales son la combinación de árboles con producción forrajera o de animales. Incluye el pastoreo en terreno forestal -zona arbolada o de matorral- y los sistemas adehesados.

El objetivo de estos sistemas combinados es medioambiental y también económico. Las experiencias de campo muestran cómo es posible diversificar e incrementar la rentabilidad total por hectárea gracias a la complementariedad entre las dos producciones. Así, se incrementa la rentabilidad a la vez que mejoramos nuestra explotación y el medio ambiente.

En las condiciones agronómicas españolas, los árboles con más potencial en los sistemas silvoarables son frutales, principalmente el almendro, pistacho o avellano. También el chopo en vegas, las especies productoras de madera de calidad y el pino injertado por el alto valor del piñón. Este árbol, sin embargo, tiene la desventaja de que genera sombra durante todo el año, lo que condiciona al cultivo con el que comparte espacio.

En la PAC pasó de ser hasta 2005 una práctica penalizada, a tener medidas específicas de apoyo. Desde el periodo 2007-2013 las prácticas agroforestales entran dentro de las líneas elegibles o subvencionables por Europa en el PDR. En España durante ese periodo ninguna comunidad activó la medida de apoyo, pero sí en el siguiente (2014-2020), en concreto seis: Andalucía, Asturias, Galicia, Extremadura, País Vasco y Valencia. Además, la elegibilidad de terrenos con presencia de árboles en los pagos directos ha ido mejorando, y desde el reglamento ómnibus de 2018 la presencia de hasta 100 árboles por hectárea no penaliza.

De cara a la futura Política Agraria Común que ahora se negocia se va a incluir, entre otras medidas de fomento, un eco-esquema específico para estos sistemas, denominado “Instalación y conservación de márgenes, islas de vegetación y corredores multifuncionales” que va a suponer un apoyo a su desarrollo.

Muchas ventajas y pocos inconvenientes

La principal ventaja de estos sistemas es que, para una misma superficie, son más productivos en conjunto que hacer el cultivo o los árboles por separado, al poderse aprovechar más recursos -agua, luz, nutrientes- y durante más tiempo. “Por ejemplo, la combinación de frutales con cereal de invierno permite que al menos una de las dos producciones esté activa durante todo el año, con un breve solape durante la primavera. Además, las raíces de los cultivos se quedan en los primeros estratos mientras que las de los árboles profundizan mucho más y se extienden en horizontal por debajo, aprovechando los recursos que no utilizan los primeros” explica Jaime Coello, ingeniero de Montes e Investigador del Programa de Gestión Forestal Multifuncional, CTFC.

Al final se consigue un incremento de productividad y rentabilidad. “Por ejemplo, en sistemas agroforestales adultos en la Francia mediterránea se ha medido cómo una hectárea agroforestal produce una cantidad de cereal equivalente a 0,8 hectáreas dedicadas únicamente a cereal más una cantidad de madera equivalente a 0,5 hectáreas dedicadas únicamente a producción de madera. En total, en una hectárea agroforestal habría una producción equivalente a 1,3 hectáreas en las que hiciéramos los cultivos por separado, es decir, un 30% más de productividad”, señala Coello.

El tener dos sistemas productivos también ofrece importantes ventajas de mercado para los agricultores. “Ante los vaivenes de los precios no dependes de un único cultivo” explica este ingeniero de Montes.

En busca de agricultores

Además de las económicas, las ventajas medio ambientales de los sistemas agroforestales son variadas. Los árboles son una barrera y filtro para los nitratos lixiviados, convirtiendo un contaminante en un recurso que aprovecha el árbol. También, estas hileras de árboles reducen la erosión y el efecto desecante del aire ya que son un “muro” natural. Fijan carbono en el suelo y en la madera y estabilizan la materia orgánica.

“Por último también sirven de refugio para la fauna polinizadora y auxiliar, que puede ayudar a frenar problemas como las plagas agrícolas”, comenta Jaime Coello.

El CTFC, en colaboración con la consultora Agresta Sociedad Cooperativas está promoviendo un proyecto europeo para demostrar el interés que tienen estos sistemas agroforestales en nuestras condiciones, para lo que están buscando tierras y agricultores interesados. Estos sistemas se instalarán en el periodo 2021-2026, demostrando la productividad y rentabilidad frente a los tradicionales monocultivos.